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¿Es fácil o difícil utilizar el proyecto ¡A contar!?

Hoy queremos presentaros un interesante artículo que ha escrito Carlos de Castro, uno de los autores de ¡A contar!, sobre la utilización de este método.

Con él inauguramos una colaboración mensual que estamos seguros que enriquecerá enormemente este blog.

Una de las cosas que más me hace pensar cuando doy clase en magisterio, o cuando elaboramos una propuesta para las aulas, es si las actividades, la metodología y los materiales, son fáciles o difíciles de aplicar.

Siempre me he imaginado la jornada de una maestra o maestro de infantil como algo muy exigente y demandante desde el punto de vista físico, mental y emocional. Me admiran mucho todos los profesionales de Educación Infantil, con ese tipo especial de admiración del que dice: «Yo no sería capaz de algo así!».

Si aplicar una propuesta en el aula de Infantil requiere hacer un máster los fines de semana o pasar las tardes preparando materiales después de una jornada agotadora, estamos ante un claro indicador de que la propuesta se aleja mucho del ideal.

La facilidad de usar ¡A contar!

Cuando Elisa y yo nos pusimos a pensar cómo queríamos ¡A contar!, una idea que estaba siempre presente, flotando en el ambiente, era la de «facilidad». Las frases que surgían espontáneamente en la conversación eran del tipo: «Se trata de leer un cuento y hacer unas actividades después», a lo que Elisa contestaba: «Y ahorrar a las maestras tantísimo tiempo de preparar materiales en casa». También Elisa me decía: «No debemos cargar mucho el método de actividades, que luego nos juntamos con el método de lectoescritura, el de inglés…».

Así, en el diseño del proyecto, adoptamos algunos «principios intuitivos» relativos a la «facilidad» o usabilidad del mismo:

  1. Principio de no sobrecarga del currículo. Consiste en proponer un número limitado de actividades, que no abordan todos los contenidos matemáticos propios de la Educación Infantil, sino que se centran en los contenidos más importantes. Esto permite complementar el proyecto casi con cualquier otra propuesta para Infantil.
  2. Principio de complementariedad con otros ámbitos del currículo. El proyecto ¡A contar! no es un proyecto de matemáticas. Es un proyecto de Educación Infantil, pensado desde las matemáticas, pero especialmente sensible a que en esta etapa educativa no existe la clase de matemáticas. Se trata de un proyecto pensado para disfrutar de la literatura, para provocar la emoción estética a través de las ilustraciones de los cuentos y alentar las producciones artísticas, para iniciarnos como lectores, o para elaborar propuestas que integren otras áreas.
  3. Principio de complementariedad metodológica. Hemos pensado ¡A contar! para que pueda usarse desde cualquier planteamiento metodológico: trabajo por rincones, por talleres, proyectos (de hecho, para muchos cuentos hemos sugerido posibles proyectos en la guía)…
  4. Principio de ahorro de esfuerzos (muchas veces heroicos). Los materiales que vienen en el proyecto (juegos de tablero, tetris, tangram) son similares a los que hemos utilizado durante años en aulas de Infantil con éxito, aunque con gran sacrificio en su elaboración.
  5. Principio de facilidad para empezar (o de uso básico). Cuando se comienza a usar el método, lo único que hay que hacer es leer un cuento a los alumnos, algo que hacen todos los profesionales de Educación Infantil, y luego plantear algunas actividades relacionadas con el mismo. Por supuesto que luego se puede profundizar mucho, pero el uso básico del material no requiere instrucciones.

Yo suelo resumir estos principios diciendo que ¡A contar! es un método generoso (que, desde las matemáticas, respeta y propone ideas para otros ámbitos) y no invasivo (porque respeta las distintas formas de trabajar y las diferentes prioridades educativas, sin sobrecargar en exceso el trabajo).

Para que os hagáis una idea, en las siguientes imágenes os mostramos cómo aplicamos el principio de ahorro de esfuerzos en A contar.

Nosotros veníamos trabajando desde con actividades tipo Tetris en el aula. Para ello era necesario diseñar y confeccionar manualmente los tableros en tamaño A3; un trabajo que nos llevaba muchísimo trabajo «extraescolar» en términos de horas (e incluso economía).

En nuestra concepción, los profesionales de Educación Infantil pueden estar enamorados de su profesión (muchas y muchos lo están), lo cual les lleva a esfuerzos que van más allá de cualquier exigencia externa, pero este tipo de «trabajo fuera del trabajo» está muy lejos del ideal.

Recuerdo cuando Elisa y yo vimos por primera vez los juego tipo Tetris preparados para el proyecto. Nos parecía un sueño cumplido. Tener una actividad para los alumnos que nos ha funcionado de maravilla, con un acabado, un diseño y estética profesionales, pero sin tener que dedicar horas y horas a diseñar, recortar o plastificar los materiales.

 

La dificultad de usar ¡A contar!

Ahora bien, si solo decimos esto, y hablamos de un proyecto «fácil de usar», no estaremos contando toda la verdad.

Una cosa es comenzar a utilizar el proyecto ¡A contar! en el día a día y otra diferente es sacarle el máximo provecho. Y esto ya no es tan fácil, porque requiere asumir vivencialmente en el aula un principio didáctico clave: el de reinvención guiada.

Este principio, que ahora es más conocido por el movimiento de matemática realista holandés, está ya presente en el libro clásico de Constance Kamii El número en la Educación Preescolar. En él decía que a los niños había que enseñarles indirectamente, haciéndoles pensar sobre cantidades más que animándoles a contar, y siempre orientando las propuestas al desarrollo de la autonomía intelectual, facilitando que los pequeños piensen los problemas por sí mismos.

Por poner un ejemplo, tomamos el siguiente problema que aparece en las actividades propuestas para el cuento El príncipe cabrito, de 5 años: «La bruja daba al cabrito 4 zanahorias al día. ¿Cuántas zanahorias comió el cabrito en 3 días?».

 

 

Los pequeños van inventando estrategias para resolver el problema. estas son intuitivas, no se enseñan en clase, y a veces lleva un poco de tiempo que los alumnos se entren en este tipo de trabajo.

Veamos ejemplos de lo que hacen con materiales manipulativos ante un problema similar, en este caso de 3 zanahorias al día durante 4 días:


Posteriormente, tras el trabajo manipulativo, pasan a un trabajo complementario de representación gráfica. En este caso, ya estamos en el problema de 3 días y 4 zanahorias diarias:

 

A estas alturas, después de 12 zanahorias, a cualquier maestro o maestra le habrá surgido la pregunta: «Pero, ¿qué hago si el niño no consigue hacer el problema? ¿Qué tipo de ayuda le doy?».

Evidentemente, esta es la parte más difícil del trabajo, la que supone pasar de un uso básico del proyecto ¡A contar! a un uso avanzado, en el que le podamos sacar el máximo provecho al material haciendo que la actividad matemática sea lo más profunda y genuina posible.

Nuestra orientación, en la línea de Kamii, es dar prioridad a enseñar indirectamente a través de preguntas, intentando que el niño desarrolle su pensamiento al máximo. Las orientaciones pueden ser del tipo:

  • Repetir el enunciado, que puede no haber quedado claro para el niño o no mantenerse en su memoria.
  • Proporcionarle orientaciones generales como las siguientes:
  • «Puedes intentar hacer un dibujo para entenderlo mejor».
  • «Puedes intentar pensarlo con cubitos (encajables)».
  • «Mira como lo ha hecho Pablo. ¿Entiendes lo que ha hecho? ¿Qué te parece? Estos 4 cubos que ha puesto aquí, ¿qué crees que son?».
  • «¿Quieres que te ayude algún compañero que haya acabado ya?».
  • «¿Has visto este dibujo sobre el problema en el cuento?».

Nota: Todos los problemas de ¡A contar! se apoyan en alguna ilustración de un cuento.

 

Estas orientaciones consisten en heurísticos, o estrategias de tipo general que ayudan en cualquier problema, pero no ofrecen un procedimiento explícito para abordar el problema concreto. Si esto no funciona, podemos pasar a orientaciones más directas del tipo:

  • «Fíjate que en el problema hay que poner cuatro zanahorias, luego otras cuatro y luego otras cuatro. Son cuatro, cuatro y cuatro».
  • «En vez de poner zanahorias, puedes poner cubitos. Jugamos a que cada cubito es una zanahoria. ¿Cuántas zanahorias se come en un día? ¿Y el segundo día? ¿Te lo vuelvo a leer?».

Este tipo de orientaciones es mucho más directo, porque con ellas explicamos al niño cómo tienen que resolver el problema, alejándonos un poco de la enseñanza indirecta. Dentro de una reinvención guiada, nos movemos entre dos polos: que el niño reinvente solo los procedimientos matemáticos sin ayuda y que les guiemos de forma más o menos dirigida hacia la solución.

Lo importante para nosotros es que todos los niños necesitan ayuda (en muy distintos grados) en la construcción de su pensamiento matemático. Escuchar a un niño y atender a sus necesidades está, para nosotros, muy por encima de poder decir en un claustro o en un foro que «somos constructivistas».

Debemos ser conscientes de que la actividad matemática infantil tiene más riqueza, profundidad y comprensión en la medida en que el niño sea capaz de hacer más trabajo por su cuenta. Sin embargo, una actividad más dirigida y menos profunda matemáticamente puede ser una ayuda imprescindible para muchos y un paso necesario para una profundización posterior.

Aquí está la dificultad de un uso avanzado de ¡A contar!, en mantener un equilibrio entre la autonomía y la ayuda cuando esta no es posible; ayudar sin dirigir; orientar justo lo que hace falta; preferir que un día algo quede sin hacer, esperando que al día siguiente pueda hacerse bien; o intervenir hoy mismo.

Siendo esta una dificultad de ¡A contar!, creo que estaréis de acuerdo conmigo en que lo es también de casi cualquier actividad que hacemos en el día a día con las niñas y niños de Educación Infantil.

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Alma Gil y Adrián Vidal

Maestros de Educación Infantil y colaboradores en el proyecto ¡A contar!