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Ilustración y matemáticas

Seguro que después de todo el curso trabajando con ¡A contar! os habéis dado cuenta de que las ilustraciones de nuestros cuentos «esconden» matemáticas. En esta entrada vamos a ver cómo aparecen series, cantidades y otros conceptos matemáticos en las imágenes que acompañan las historias. Siendo conscientes de los elementos matemáticos que hay en los dibujos podemos sacarles mucho más partido y abrir enormemente el abanico de actividades que podemos plantear.

En las ilustraciones de los cuentos con los que se trabajarán actividades de seriación, siempre están reflejadas las series que después deberán realizar los niños. Pero también aparecen series en el resto de cuentos, dándonos pie para trabajar la identificación de patrones con nuestros alumnos. En la siguiente imagen, de El gallito de la cresta de oro, observamos una serie con los utensilios de cocina.

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Con las actividades de peticiones sucede algo similar. En los cuentos en los que se propone este tipo de trabajo siempre podemos encontrar las mismas imágenes que después se trabajarán el cuaderno del alumno como modelo y para ser reproducidas. Pero, además, en otros cuentos encontramos imágenes que nos permiten realizar estas actividades. Por ejemplo, en el cuento El mandarín y la mariposa hemos diseñado una mariposa con una decoración en sus alas que sería perfecta para que los niños la reprodujesen pidiéndonos gomets circulares. Este tipo de actividades «extra» no tiene por qué ser tan completas y quizá complejas o largas como las que proponemos en los cuadernillos. En este caso, podríamos hacer una adaptación sencilla para reforzar el número cardinal que nos interese. Bastaría con fotocopiar la mariposa en cartulinas rojas y dibujar tantas circunferencias como número de gomets nos interese que nos pidan. Deberán anotar por detrás cuántas pegatinas necesitan para que su mariposa quede decorada completamente, con todos los círculos decorados, sin que les falten ni sobren gomets.

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Y en relación a la imagen anterior, ¿no os parecen maravillosas las texturas con las que han llenado los cuentos nuestros ilustradores?

En cuanto a los mapas, aparecen en muchas ilustraciones o visiones panorámicas de los escenarios del cuento. Por supuesto, sucede en los cuentos que incluyen actividades de mapa del tesoro, para que los niños puedan recordar dicha escena y trabajar a partir de una situación familiar para ellos. Pero también los encontramos en otros cuentos, como en la siguiente ilustración de Hansel y Gretel. Estas ilustraciones pueden darnos pie a realizar alguna propuesta; pero, aunque no desarrollemos ninguna actividad concreta con ellas, entrarán a formar parte de los conocimientos previos de los alumnos que les ayudarán a las actividades de mapa del tesoro de los siguientes cuentos.

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La lechera es el ejemplo perfecto de un cuento en el que vemos ilustrados procesos de cambio y equivalencias. Vemos como la lechera entrega la leche y le dan monedas, después piensa en comprar huevos, podemos observar cómo de los huevos saldrían pollitos, cómo cambiaría 8 de ellos por unos cerdos, etc. Y según escribo esto y repaso las ilustraciones del cuento, sin necesidad de leer el texto, se me ocurren infinidad de problemas que plantear a los niños, tanto de 4 como de 5 años. ¿A vosotros no?

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Y algo parecido nos puede suceder si dedicamos unos minutos a observar las ilustraciones de tiendas que aparecen en varios de nuestros cuentos.

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¡Vamos ahora con la ilustración de cantidades! Para dar pie a los problemas y que los niños puedan resolverlos aún planteándose con cantidades grandes, es necesario que conozcan el contexto en el que transcurre el problema e incluso puedan recuperar la imagen mental de la situación. A veces, la ilustración presenta cantidades definidas, que serán las mismas que aparecerán en el problema. Por ejemplo, en la ilustración anterior del cuento La lechera vemos que aparecen el número de monedas que piensa conseguir por dos cántaros de leche y en la guía encontramos el siguiente problema: «Por un cántaro de leche, la lechera piensa conseguir 4 monedas. ¿Cuántas monedas conseguiría si vendiese dos cántaros?». En una ilustración anterior de dicho cuento vemos que la lechera recibe exactamente 4 monedas al entregar un cántaro a la tendera.

Pero la mayor parte de las veces, las cantidades ilustradas son indefinidas, para que podamos adaptar las cantidades del problema sin que los niños se sientan traicionados por no ser fieles a lo ilustrado. Además, poder enunciar problemas con cantidades grandes (aunque todos los elementos no aparezcan en la imagen) favorece que los niños tengan que recurrir necesariamente a estrategias de resolución de problemas (conteo con dedos, uso de materiales, etc.) en lugar de recordar de memoria las cantidades que aparecen. Por ejemplo, en la imagen inferior del cuento El hipopótamo sonriente vemos hipopótamos en el rio, pero el hecho de que uno quede cortado y haya otros semi-sumergidos nos hace pensar que hay un número indefinido de ellos. Esto permite que en el problema «Había 5 hipopótamos en el río, algunos grandes y otros pequeños. ¿Cuántos hipopótamos grandes crees que había? ¿Cuántos pequeños?», los niños piensen en las distintas combinaciones sin ceñirse a la ilustración y que nosotros podamos aumentar la cantidad total de hipopótamos tanto como queramos.

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En ¡A contar! hemos propuesto problemas de multiplicación y división que los niños pueden realizar con los dedos o materiales. Muchas ilustraciones dan pie a este tipo de problemas y, además, al presentar cantidades indefinidas, favorecen que podamos repetirlos cambiando los números que aparecen en el enunciado. Encontramos, por ejemplo, una caja de la que salen dos monedas cada vez que se abre, los cuatro asientos que tiene el hipopótamo sonriente en su lomo, a la mamá de Juan empaquetando huevos de 4 en 4, a los ratoncitos de Hamelín desfilando ordenados en matrices, coles plantadas en filas o insectos llevando monedas agrupados de 4 en 4.

FOTOS 7 Y 8 (1)

Os animamos a que os fijéis en las maravillosas imágenes que acompañan cada cuento y propongáis alternativas a los problemas que os ofrecemos, adaptándolos a vuestros alumnos y a las cantidades que os interese trabajar.

Pero esta información es para vosotros, no para los niños. Nos gustaría que no convirtieseis literatura en didáctica, que no explicaseis matemáticas mientras leéis los cuentos. El momento de contar una historia debe ser mágico y de disfrute, sin más finalidad que pasar un buen rato, acercar a los niños y niñas a la literatura, crear un vínculo afectivo con ellos y que todos nos divirtamos.

Si contamos el cuento varias veces centrándonos únicamente en el texto y ayudando a los alumnos a fijarse mientras tanto en las imágenes, cuando propongamos las actividades, recordarán con más facilidad las situaciones problemáticas que les planteemos. No es necesario pararse en las páginas del cuento a contar delante de ellos las monedas que aparecen sobre la mesa de la tienda a la que va la lechera, las coles que planta el papá de Garbancito en cada fila o lo que la bruja da de comer a Hansel y Gretel. Si creamos el vínculo afectivo entre los niños y el cuento, todo lo demás vendrá solo.

 

 

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Alma Gil y Adrián Vidal

Maestros de Educación Infantil y colaboradores en el proyecto ¡A contar!