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El cuento de nuestros cuentos

Era una calurosa mañana de verano. A un lado de la mesa, Carlos, al otro, yo. Hablábamos de las actividades que debía tener ¡A contar!

—El taller de problemas es fundamental.

—Sí, y debe compaginarse con los problemas de asamblea.

—Con todo lo que ya sabemos de las peticiones, hay que incluirlas tanto en 4 como en 5 años.

—Por supuesto. Y el número ordinal también debemos trabajarlo.

Después de un rato completando nuestra lista caímos en la cuenta de que no puede existir un taller de problemas sin cuentos. Ambos habíamos comprobado que si los niños «se metían» en una historia, conocían las ilustraciones que la sostenían, se divertían con sus personajes e incluso recordaban casi de memoria escenas y diálogos; entendían el enunciado del problema contextualizado en dicho cuento como una continuación del nudo argumental. Teníamos la certeza de que esa familiaridad con la historia, los personajes y la ilustración facilitaba enormemente que los niños quisieran resolver un problema y lo hiciesen con éxito.

—Dentro de la literatura infantil hay cuentos maravillosos para usar en el taller.

—Podemos hacer una selección de esos cuentos que todos tenemos en nuestras clases y son un éxito entre los alumnos.

—Pero, ¿y si en algún cole no los tienen? Deberíamos aportarlos con el material.

—¿No te gustaría que fuesen cuentos que se contasen y disfrutasen sólo por su historia, por sus ilustraciones?

—Claro, tienen que ser buenos por su literatura y no por ser didácticos. Sería genial que a los maestros les apeteciese contarlos y no por la obligación de tener que hacer después actividades con ellos.

Y con esta idea nos fuimos a casa. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos inventamos cuentos? ¿Usamos los que ya tiene publicados Santillana? Después de informarnos, buscar mucho, leer cuentos y más cuentos, decidimos hacer adaptaciones de cuentos tradicionales, españoles y extranjeros. Al fin y al cabo, son historias preciosas que durante muchos años han cautivado a miles de niños y que siguen dejando la clase en silencio cuando los contamos.

Hicimos una selección de clásicos y elegimos los textos sobre los cuales se realizaría la adaptación. El equipo de la editorial Santillana se encargó de hacerlos accesibles a los niños de Educación Infantil sin perder el valor literario e incluyendo matices que dejasen entrever situaciones matemáticas.

Y pasamos mañanas, tardes y noches releyendo adaptaciones, expresando cantidades en ellas, cambiando finales demasiado anticuados por princesas que elegían por sí mismas su destino, dibujando matemáticas con palabras… Y casi sin querer, empezamos a conectar esa lista de actividades iniciales con un hipopótamo sonriente, Gorrioncito, una tétrica cabaña que acogía a Valentina, la costurera, un matrimonio en torno a una bomba fantástica, el cántaro de la lechera soñadora o el mapa en blanco con el que unos locos marineros van en busca de un snark.

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—Las ilustraciones deben ser artísticas, como las de nuestros cuentos favoritos.

—Pero deben dar juego para plantear las situaciones matemáticas y los problemas.

—Debemos tener claro en qué orden se contarán los cuentos y qué actividades quedarán contextualizadas en cada uno para diseñar la parte matemática de las ilustraciones.

—Está claro que en cada cuento tenemos que hacer dos problemas de taller y varios de asamblea. Y los niños deben jugar al tangram con frecuencia para conseguir los objetivos.

—Pues entonces habrá que distribuir el resto de actividades de forma que queden equilibradas durante el curso.

¡Manos a la obra! Organizamos los cuentos en el curso escolar y en cada uno de ellos las actividades que llevarían asociadas. Con ayuda de la editorial Santillana elegimos a los mejores dibujantes, que se pusieron a trabajar para combinar arte y matemáticas. Y sobre esos textos adaptados aparecieron cocinas con cenefas hechas con series, flores de varios tipos, mapas del tesoro, camisas y vestidos llenos de triángulos y círculos, caminos que se convertirían en tableros…

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—¿Tú como cuentas los cuentos en clase? ¿Cómo llegas desde ellos al taller de problemas? Esto debe quedar muy claro en la guía.

—Yo cuento uno o varios cuentos cada día, el que usaremos para el taller u otras actividades matemáticas, es uno más. Es que no debe ser una exigencia didáctica porque si no pierde toda la magia. Por otro lado, a los niños les encanta que contemos los mismos cuentos varias veces porque así pueden disfrutar más de ellos al poder anticipar lo que va a suceder. Eso les hace relajarse, incorporan nuevos detalles de la historia cada vez que se les cuenta y van matizando las características de los personajes o de sus aventuras.

—Claro, la repetición es esencial para que cuando se les planteen los problemas puedan evocar esa situación que planteamos y resolverla. E incluso para hacerlo con un dibujo.

—Y es importante también favorecer que los niños vean bien las ilustraciones.

Delante del ordenador, con muchas lecturas y cambios, nació la parte de la guía en la que contamos por qué en ¡A contar! son tan importantes los cuentos.

Y con todo esto y mucho más, un día nuestro proyecto estuvo listo para usarse en los coles. Comenzamos en septiembre leyendo Las habichuelas mágicas y hace unos días llegamos a Unojito, Dosojitos, Tresojitos. Uno de mis cuentos favoritos de la infancia, que mi padre me leía en un viejísimo libro de los hermanos Grimm. Detrás de cada cuento de ¡A contar! hay un vínculo especial con nosotros, pero también con muchas de las personas que los han construido y han dado forma a todo el material que se desprende de ellos.

Ese vínculo es muy parecido al que se establece entre el maestro, el cuento y los niños cuando se los contamos.

—Elisa, ¿y qué cuento va después?

—No sé, léelo tú. En la parte de atrás lo pone. Mira, vamos por el 6.

—Ya sé, luego va el 7.

—¿Y cuál es?

La bomba fantástica.

—¿Y después?

La caza del Snark.

—¿Del qué?

—Del Snark.

—¿Y eso qué es?

—No sé.

—¡Sí, es el coche!

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Ya veremos qué pasará cuando el experto en coches de mi clase se dé cuenta de que, en una de las joyas literarias de ¡A contar!, lo que van a cazar no es un Smart

Pero esto es otro cuento que ya os contaré…

 

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Alma Gil y Adrián Vidal

Maestros de Educación Infantil y colaboradores en el proyecto ¡A contar!