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Las habichuelas mágicas: problemas de asamblea

En esta entrada voy a compartir mi experiencia con los problemas de asamblea que os proponemos en el proyecto ¡A contar! para hacer con el cuento Las habichuelas mágicas.

Yo este curso tengo un grupo de 5 años con el que estuve en 3 años, pero no el curso pasado, por lo que apenas habíamos hecho antes problemas de asamblea.

Seguramente vosotros también estéis introduciendo estas actividades. Por eso me parece muy interesante compartir qué resultados nos están dando en el aula. De este modo, podremos saber qué podemos esperar de nuestros alumnos y no nos desanimaremos con resultados que, a primera vista, nos pueden parecer un fracaso, pero que son absolutamente normales.

Con otros grupos yo hacía un problema de asamblea diario en 4 y 5 años. Después del curso de 4 años, en 5 años estaban muy entrenados y se ponían a pensar en cuanto oían el enunciado y, por eso, la participación era muy alta. Este año no tengo mucho tiempo en la asamblea para los problemas, así que hago 3 o 4 problemas a la semana.

Empecé en septiembre con problemas muy sencillos contextualizados en el aula; por ejemplo: «Si el equipo rojo tiene 6 niños y faltan 2 al cole, ¿cuántos niños tendrá hoy el equipo rojo?». A finales de septiembre comencé a contarles el cuento Las habichuelas mágicas (que por cierto, les encantó) y, ya en octubre, empezamos con los problemas de asamblea de dicho cuento.

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Al principio les costó muchísimo entender qué tenían que hacer y qué se esperaba de ellos. Así que algunas veces la experiencia con los problemas de este primer cuento fue un poco… desesperante, pero esto es normal. En los primeros problemas, solo 3 o 4 niños daban un resultado correcto. Otros muchos decían resultados al azar y, de ellos, solo la mitad daban una estimación válida. Más o menos la mitad de la clase se limitaba a ver qué decían otros compañeros para responder lo mismo.

Yo uso el procedimiento que os aconsejamos en la guía de ¡A contar!: enuncio primero el problema, lo resuelven y me responden en voz muy baja o moviendo solo los labios. Si el resultado es el correcto, los felicito, y si no, los animo a que sigan pensando.

El problema en estos primeros problemas fue que los niños se acostumbraron a leer los labios y una gran parte de ellos se limitó a repetir lo que decían los que parecían saber la solución.

Otro problema con el que me encontré en las actividades de problemas fue que a los niños les costaba muchísimo explicar cómo los habían resuelto usando los dedos.

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Las primeras veces les ayudé yo un poco a explicárselo a sus compañeros y, en algunos problemas (los de reparto de monedas entre la madre y Juan), saqué los euros plastificados que tenemos en el aula para representarlos.

Si a vuestros alumnos les cuesta mucho entender los problemas y qué soluciones son posibles y cuáles no, os recomiendo que representéis los enunciados con materiales.

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Su uso no es la finalidad de este tipo de problemas (sí lo es de los del taller), pues están pensados para que se resuelvan con los dedos o mentalmente. A pesar de esto, en estas primeras semanas pueden ayudar a «enganchar» a los niños y les ayudarán a comprender qué tienen que hacer y a pensar una solución.

Es importante que poco a poco vayan participando y ya veréis cómo dentro de nada no será necesaria casi ninguna ayuda.

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Cada cuento está programado para trabajar durante 4 semanas; eso serían aproximadamente 20 días y, por tanto, podríamos hacer 20 problemas, uno por día. Sin embargo, para que no resulte una actividad agobiante en caso de tener poco tiempo, hemos propuesto menos en la guía de ¡A contar! Esto también os dejará a vosotros un margen para crear vuestros propios problemas a partir de los propuestos, en función de los alumnos de vuestra clase.

Yo, en este caso, repetí los que más les costaron pero cambiando los datos. Por ejemplo, este problema: «Juan abrió la caja mágica 4 veces. Si cada vez que la abría, salían 2 monedas, ¿cuántas monedas consiguió?», lo repetimos tres días (no consecutivos) abriendo la caja dos veces, tres veces y cinco veces. Hicimos lo mismo con dos o tres más de los problemas propuestos.

Con mi ayuda en la explicación de sus procedimientos y valorando muy positivamente a los alumnos que estaban un ratito concentrados pensando en el problema, la participación fue mayor en los últimos días que trabajamos con problemas del cuento Las habichuelas mágicas. Ahora ya hemos comenzado a trabajar con el cuento Garbancito y ha aumentado muchísimo el número de niños que están atentos en el problema, que lo piensan y que dan soluciones, aunque no correctas a la primera, pero sí posibles.

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Alma Gil y Adrián Vidal

Maestros de Educación Infantil y colaboradores en el proyecto ¡A contar!